Un espacio personal y comunitario de reflexión, búsqueda y encuentro, orientado al crecimiento interior y al fortalecimiento de la vida en comunidad.
A través de actividades y momentos de encuentro, ofrecemos oportunidades para reflexionar, compartir y profundizar en las búsquedas interiores, el crecimiento espiritual y el desarrollo comunitario a la luz de la espiritualidad ignaciana.
Somos una obra de la Compañía de Jesús y formamos parte de una red de centros de espiritualidad ignaciana en México, desde donde acompañamos procesos de búsqueda espiritual.
Buscamos propiciar un mayor crecimiento humano, espiritual y social mediante el encuentro con dios y con uno mismo.
Queremos seguir colaborando con la Iglesia en procesos de formación y experiencia de Dios a través de la espiritualidad ignaciana.
Compartimos la fé en acción, trabajando proactivamente y actuando desde el amor, fraternidad y justicia.
Colaborar en el Centro Ignaciano de Espiritualidad es un regalo que me rebasa. Acompañar y dar Ejercicios me hace sentir pequeña ante la delicadeza con la que Dios toca y transforma la vida de las personas. Me siento profundamente agradecida de poder participar en algo tan valioso. Y, en medio de este mundo roto, poder colaborar —desde lo pequeño— en la esperanza que Dios va tejiendo es, sencillamente, una gracia inmensa.
Como mujer laica, esposa y abuela, colaborar en el CIE; me brinda sentido y plenitud en mi vida. En esta labor como maestra y acompañante, he descubierto una fraternidad profunda y un equipo que es testimonio vivo de servicio. Sin duda, lo más sagrado es ser testigo directo del paso de Dios en mis alumnos/as. Es sorprendente ver cómo la virtualidad no es barrera para que sus vidas se reconstruyan y resignifiquen. Ver sus rostros llenos de claridad y esperanza en cada encuentro es un regalo que no tiene desperdicio.
Participar en los espacios del CIE ha sido un proceso transformador que integra conocimiento y sentido humano desde el enfoque ignaciano. En lo personal, me
ha ayudado a desarrollar una mirada más crítica y consciente, favoreciendo el discernimiento y la coherencia entre lo que pienso, siento y hago. En lo comunitario, he comprendido que el aprendizaje cobra sentido al ponerse al servicio de los demás, fortaleciendo el trabajo colectivo, la empatía y el compromiso social. Ha sido un camino que me impulsa a buscar el “magis” y a vivir un aprendizaje integral con propósito.
Llegar a Guadalajara hace nueve años fue para mí continuar una búsqueda espiritual que había iniciado en Torreón. En el CIE encontré un espacio de acogida donde la espiritualidad ignaciana, que desde joven despertaba en mí inquietud, tomó un nuevo sentido. A través de la oración contemplativa en el Grupo de Jesús y de mi comunidad CVX (Comunidad de Vida Cristiana), he ido aprendiendo a vivir el Evangelio en lo cotidiano, en la comunidad y en el apostolado. Ahí he descubierto la riqueza de caminar acompañado y de compartir la fe con otros. Estas amistades y experiencias de formación, fortalecen mi fe y orientan mi vida.
En el año 2006 tuve la oportunidad de tomar el Diplomado en Espiritualidad Ignaciana en el CIE, y desde entonces he estado participando en diversas actividades como colaboradora, y otras veces como integrante en cursos. Creo que lo más significativo para mi es que gracias a la Espiritualidad Ignaciana he ido creciendo en el conocimiento de Jesús, en la oración, y he podido formar parte de dos comunidades que enriquecen mi vida, con quienes caminamos juntas. He tenido la oportunidad de recibir mucho de diferentes personas que han pasado por el CIE. Estas amistades y experiencias de formación, fortalecen mi fe y orientan mi vida.