Son una propuesta de realización de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola para aquellas personas que no pueden hacerlos retirándose durante una semana o más.
¿Qué son?
Consiste en 8 semanas de oración diaria personal, para la cual te proporcionamos una guía de oración para cada día.
Una vez por semana nos conectamos en línea para compartir los avances de cada uno durante la semana transcurrida y para explicar los temas y contenidos a orar y meditar durante la siguiente semana.
¿Cómo son?
Son 8 semanas de oración diaria, con una guía de oración para cada día. El seguimiento del grupo se hace 1 vez por semana, en línea.
En línea, por videollamada.
Se enfoca en el seguimiento de Cristo a través de la meditación de su vida, pasión y resurrección, utilizando la oración, la contemplación y la dirección espiritual para sanar las afecciones desordenadas y discernir la voluntad de Dios.
Cada ejercitante tendrá un acompañante personal y acceso a una sesión semanal colectiva para el seguimiento grupal.
Quienes participan en los EEVO continúan con sus actividades cotidianas, porque no exigen la necesidad de retirarse a un lugar apartado en silencio.
Permiten llevar un ritmo de oración continuado en el transcurso de su quehacer diario, siempre dentro de la propuesta de los Ejercicios Espirituales conforme al fin para el que San Ignacio los pensó, redactó y regaló a la Iglesia como un precioso y valiosísimo tesoro de espiritualidad que siempre tiene la misma validez y actualidad para los cristianos de todo tiempo y lugar.
La persona que desea hacer los EEVO debe valorar comprometerse seriamente para la dedicación y cumplimiento que requiere la experiencia.
Se enfoca en la misericordia de Dios, la conciencia de los propios pecados y la liberación de las afecciones desordenadas para responder al amor divino.
Profundiza en el seguimiento de Jesús, su ministerio y su invitación a vivir como sus discípulos, promoviendo la toma de decisiones para transformar la vida.
Centrada en la Pasión y Muerte de Cristo, contemplando su sufrimiento como la máxima expresión del amor de Dios y fortaleciendo la entrega total por amor.
Conecta con la resurrección de Jesús y su presencia, buscando la contemplación para amar y servir a Dios en todas las cosas y en el mundo.