MARAVILLARNOS

(FOTO: LAURENCE FREEMAN/ WASHINGTON DC, EEUU)

La capacidad de maravillarnos y el amor a la sabiduría regresan con la práctica contemplativa. Imperceptiblemente, a través de los años, la exposición a los medios puede erosionar nuestra capacidad por la experiencia directa. Cada vez más experimentamos eventos y emociones de segunda mano, a través de los puntos de vista de otros o del culto a celebridades. Esta enajenación de la experiencia personal puede cambiar nuestro don de empatía en apatía. Nos volvemos demasiado irreales para servir a los otros. Y sin embargo los medios nos pueden hacer tomar consciencia de la necesidad de tener nuestra mente en paz. La distracción, la enajenación y la frustración nos pueden estimular a abordar el camino contemplativo. ‘Donde hay pecado, sobreabunda la gracia’, según San Pablo. El ruido despierta nuestra sed de silencio y esta sed es la espiritualidad global de nuestro tiempo.
(Laurence Freeman, The Goal of Life)

 

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