Reflexiones Ignacianas – 04

Las reflexiones que aparecen en este número tienen un denominador común muy claro: la vida en común en la Compañía de Jesús. Mario López Barrio va al fundamento bíblico de la idea ignaciana de comunidad: Jesús llama a sus discípulos a formar un grupo, para enviarlos a predicar. No ha faltado algunas veces la tentación, dice López Barrio, de virar hacia una comunidad de tipo monástico, pero los jesuitas han optado siempre por el ideal primero: la comunidad para la dispersión (apostólica). Hoy en día, se presenta otra tentación: la del desánimo ante la disminución numérica y el natural envejecimiento de muchos jesuitas. No se debe caer en “el conformismo y la rutina decadente”, responde López Barrio.

Francisco López Rivera recupera el inspirador ejemplo de Francisco Javier y su manera de vivir la pertenencia a la Compañía. Subraya el papel fundamental que tiene para Javier el afecto hacia los compañeros; nada de un activismo racionalista o ideológico. Dice Javier: la Compañía de Jesús es “Compañía de amor y no de rigor ni temor servil”. Ese amor permea todas las relaciones de Javier con sus compañeros. López Rivera nos muestra cómo el fondo de estas actitudes de Javier está en su íntima relación con el Señor.

Álvaro Quiroz Magaña ubica su reflexión en el lanzamiento del Proyecto Apostólico 2011-2020 de la Provincia Mexicana, lo cual le da un especial carácter de actualidad, y conecta aquella experiencia primaria con la experiencia recentísima y muy importante, de la Congregación General 35 realizada en 2008. Quiroz se inspira básicamente en la “Deliberación de los Primeros Padres”, en la cual los primeros jesuitas buscaron la voluntad de Dios para su grupo, en un profundo ambiente de discernimiento. Ir a las fuentes con fidelidad creativa, es lo que hace Quiroz.

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