Hay que reirse más

ORACION DE LA SEMANA

Queremos invitarte a que tengas un espacio de encuentro contigo, con la Creación entera, con Dios.

Toma 10 minutos de tu día y deja que tu interior se exprese en un diálogo honesto y sincero.

Durante toda la semana profundiza un poco más en tu reflexión, en aquello que tu interior registre como importante; muéstralo a Dios y descubre a qué te invita semanalmente.

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“HAY QUE REIRSE MAS.”

Me dispongo en silencio a un espacio de encuentro.
Respiro profundo, siento, escucho, me relajo
Inclino mi corazón y mi ser a la grandeza de la vida.

PRIMER PUNTO

Lo propone un buen amigo. Y quizás es un grito que, precisamente al empezar la cuaresma, resulta casi trasgresor, pero necesario. Tenemos que reírnos más para tragar la vida. ¡Claro que sí! No es la risa insensata de los necios. Tampoco la risa frívola del que pasa por la vida sin mirarle a la entraña. No es la risa fracasada de quien vive amargado. Ni la risa cruel del malvado. La nuestra puede ser la risa alegre de quien ama y es amado. La risa franca de quien se sabe limitado. La risa honesta de quien vive con la verdad por delante. La risa divertida de quien sabe leer, en cada historia, sus posibilidades. La risa ligera de quien no hace dramas de más. La risa agradecida de quien sabe reconocer la bendición. La risa que sabe marcharse para volver en otro momento.

SEGUNDO PUNTO

A.- ¿Podemos imaginar a un Dios que ríe? Sí. Al menos tanto como nos resulta evidente decir que Dios debe llorar con el dolor de sus hijos. Pues, del mismo modo, seguramente sonríe – a la manera en que sonría Dios-. Sonríe con la vida que crece. Con las pequeñas victorias de nuestros días. Con las historias de amor auténtico. Con las oraciones limpias de los críos. Con cada gesto en el que los seres humanos damos un paso hacia su encuentro.

B.- ¿Te imaginas a un Dios alegre?

¿Te atreves a pensar en cómo ha de ser “la risa de Dios”?

TERCER PUNTO

A.- Muchos de nosotros tenemos tantos motivos para sonreír… que, por consideración con los más rotos, y por gratitud por todo lo que hay de milagro en nuestras historias, podemos ser más joviales, menos quejicas, más ligeros. Podemos gritar, alborozados, por los encuentros y los proyectos que ilusionan. Podemos cantar, desafinando si hace falta, cada vez que la buena noticia nos alcanza. Podemos reconocer, con asombro genuino, lo afortunados que somos. Y podemos mirar, extasiados, lo bueno que hay en tantas vidas.

B.- ¿Cuándo fue la última vez que te reíste con alguien?

¿Encuentras en el evangelio motivos para la alegría?

CIERRE

¿Qué quiere decir tu corazón a Dios?, platica con él como un amigo lo haría con un amigo muy querido….Esta semana pido a Dios que me ayude a vivir cada día con una sonrisa en el corazón, que contagie la esperanza de la buena noticia: Su Amor. Así sea

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Tomados de la sección de reflexiones de www.pastoralsj.org

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