Cómo valorarte sin morir en el intento

Por: Sandra Patricia Guevara Colores

Maestra en Desarrollo Humano. Psicoterapeuta de Danza y Movimiento. Psicoterapeuta Gestalt. Maestra del Iteso y de la Universidad de Celaya en la maestría de Desarrollo Humano. Psicoterapia individual y grupal para personas con sobrepeso. Facilitadora de talleres de crecimiento personal y desarrollo humano en grupos y empresas.

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Nuestros actos, nuestras decisiones, la manera en la que nos movemos en la vida, obedecen en gran medida a la imagen que tenemos de nosotros mismos; por lo tanto,   construir una imagen adecuada de nosotros puede ayudarnos a reconocer puertas falsas y a encontrar puertas seguras en las que vale la pena invertir.

En la actualidad, hay que enfrentarse día con día a los problemas ambientales, la corrupción, la delincuencia, el tráfico, la competencia, el ritmo acelerado, etcétera. Si tuvieras la oportunidad de abrir una puerta que sabes te llevará a encontrar un lugar seguro, en el que puedes estar cómodo, en el que puedes quitarte los zapatos, recostarte y recuperar las energías, ¿la abrirías? Y luego, una vez que lo encontraste, ¿lo cuidarías? ¿Te preocuparías porque se mantuviera en buen estado?

Si haces este lugar tuyo, lo empiezas a valorar, a cuidar y le das un significado importante, te identificas con el, pues empiezas a encontrarte reflejado en cada detalle, en cada rincón, entonces se convierte en tu hogar.

¿Qué esperas para abrir esa puerta? Ese lugar existe, tu casa no son las cuatro paredes en las que vives, ni las personas con las que convives en ese espacio, hay un lugar que es sólo tuyo, te pertenece, está dentro de ti, eres tú mismo.

Para mí, el proceso de construcción de la autoestima es como el proceso de convertir mi casa interior en mi hogar, donde decido qué cosas entran y qué cosas salen, qué cambios quiero hacer y qué prefiero mantener, a quién le abro la puerta y a quién se la cierro, todo en función de sentirme bien, de respetar y preservar ese lugar que me pertenece y que valoro.

Sí, la autoestima es amor propio, es valor, respeto, cuidado, etcétera. Seguramente eso lo has leído más de una vez, así como habrás escuchado en más de una ocasión que el valor de la persona se encuentra en su interior, bla, bla, bla, pero quizá te preguntes, ¿cómo se hace para vivir?, ¿para experimentarlo?, ¿para sentirlo? La respuesta es trabajando, sí, la autoestima es una labor personal que solamente a mí me corresponde, se va construyendo, no es algo con lo que se nazca o algo que otro me pueda regalar.

En los talleres de autoestima que he participado suelo preguntar a los asistentes: ¿qué necesitas para estimar a una persona? Una y otra vez llegamos a la conclusión que es requisito indispensable conocerla, y este es exactamente el punto de partida.

Conocerme por dentro y por fuera, conocer mi cuerpo, mis pensamientos, mis sentimientos, lo que me gusta y lo que me disgusta, mirarme sin juicios, sin comparaciones, ver lo que hay, no lo que desearía que hubiera. Esto sería como hacer un inventario, esta revisión es tan importante, que de ella depende la imagen que creo de mí, esta me dice quien soy y luego es, con base en esta, que yo actúo, tomo decisiones y me muevo en la vida.

Por ejemplo, puedo encontrar en mi inventario personal que mi nariz es recta, ancha, voluminosa y no me agrada. Con esto puedo tener una imagen de mí como la de una persona a la que no le atrae su nariz, sin dejar de ver que ésta cubre la función para la cuál fue creada. La otra postura, es emitir juicios sobre mi nariz, por sus características como: “tengo una nariz fea”, “está boluda e inmensa”, “horrible” y también puedo hacer comparaciones “tal persona tiene bonita nariz”, “ella si tiene la nariz pequeña y linda”; esto posiblemente me llevará a crearme una imagen de mí como la de una persona con una nariz fea, en otras personas, me identifico como una persona fea.

Voy a vivir mi vida con una imagen de -soy fea-, así voy a actuar y a tomar decisiones, si voy por la calle y alguien se me queda viendo, quizá imagine que está asombrado por mi horrible nariz; en cuanto a mi profesión, quizá en lo último que pensaría sería en dedicarme al modelaje.

Quizá este ejemplo suena muy superficial y exagerado, sin embargo así de importante resulta el proceso del autoconocimiento y la creación de nuestra imagen en nuestro comportamiento y en las elecciones que tomamos en la vida.

En este momento recuerdo a un alumno que durante las clases permaneció callado, no participó ni dio sus opiniones durante la clase de manera espontánea, sólo cuando le hacía alguna pregunta contestaba y lo hacía con voz baja, como si deseara que nadie le escuchara, yo imaginaba que él no tenía mucho interés en la clase o no había estudiado el tema. En su trabajo de fin de curso, sus reflexiones y aportaciones reflejaban un interés y aprendizajes muy profundos, cuando lo felicité, se sorprendió, le pregunté por qué no había compartido sus reflexiones en clase y me respondió que no creía fueran importantes. Me di cuenta que su actuación respondía a su imagen personal empobrecida. Por alguna razón él creía que sus reflexiones no eran la gran cosa, que no era capaz de hacer una contribución interesante, ¿imagina toda la riqueza que no vio y de la que se estaba perdiendo?

¿De qué te estás perdiendo? ¿Qué no has alcanzado?

Ahora bien, no es suficiente ver el paisaje completo, entrar al lugar y conocerlo, también se necesita habitarlo, respetarlo, cuidarlo.

Una vez que empieces a mirarte sin juicios ni comparaciones es importante que también reconozcas que las diferencias son las que nos hacen seres únicos, este es el gran valor de la persona, que no hay nadie igual a nosotros.

¿Qué caso tiene entonces seguir la moda, y hacer lo que otros hacen? ¿De qué sirve parecerme o igualarme a los demás?

Abraham Maslow encontró que una de las necesidades básicas de las personas es la de aceptación y pertenencia; la persona es un ser social por naturaleza, busca relacionarse y sentir que forma parte de, que se le acepta, que se le estima.

Si esta necesidad se encuentra en la esencia misma de la persona, puede resultar peligrosa cuando nos lleva a abrir puertas falsas para cubrirla. Por ejemplo hacer dietas para tener un peso y una figura considerada como el estándar de belleza, para poder usar la ropa de moda.

También puede ser trabajar en exceso, pasar por encima de la necesidad de descanso en aras de tener un estatus social y un poder adquisitivo que brinde la oportunidad de comprar lo que desee.

Abrir una puerta falsa puede ser tomar alcohol o drogas para estar en sintonía con otros; ser parte de la banda y que no me digan “ñoño”; para escapar de mis problemas.

Estos sólo son algunos ejemplos, pueden existir muchas puertas falsas, difíciles de reconocer, la clave está en observar cuidadosamente. Observa tus pensamientos, tus acciones, tus comportamientos, las personas con las que te relacionas, el mundo del que te rodeas; si cualquiera de estas te impide crear una imagen de la que te sientas orgulloso de ti mismo, satisfecho; si te impiden reconocer tu potencial o lo minimizan, es posible que sean puertas falsas que te lleven a una satisfacción inmediata, pero a la larga te impedirán desarrollarte y crecer como persona.

Encontré en una camiseta una frase que decía “Dios no te hizo en serie, te hizo en serio”, creo que esto encierra una enorme verdad y quizá sólo hace falta que la hagamos una realidad, haciendo de nuestra casa interna, el hogar que deseamos y que merecemos, un regalo que se nos da cada día con el don de la vida, sólo tenemos que escoger lo que queremos y trabajar para conseguirlo.

Para saber más

Tassarini, Héctor. (1994). Tú puedes ser… el mejor. México: Diana.
Bonet, José-Vicente. (1997). Sé amigo de ti mismo. España: Sal Terrae.
Nakken, Craig. (1999). La personalidad adictiva. México: Diana.
Branden, Nathaniel. (2002). El respeto hacia uno mismo. México: Paidós.
Branden, Nathaniel. (2002). Los siete pilares de la autoestima. México: Paidós.

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